Este año se ha afianzado un cambio estructural en la movilidad de nuestro país. Con las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) operativas en los municipios de más de 50 000 habitantes, el mercado automovilístico pide reflexionar antes de una adquisición. Sin duda, una de las preguntas más recurrentes es si sigue siendo recomendable comprar un coche de combustión con etiqueta C.
Aunque en principio puede parecer una alternativa viable, si analizamos los datos técnicos, financieros y normativos a medio y largo plazo podemos deducir que la inversión inteligente está en el vehículo eléctrico. A continuación, explicamos por qué pasar del distintivo ambiental C a la etiqueta CERO es una decisión más acertada hoy en día.
Coches con etiqueta C, un distintivo en fase de salida
La etiqueta verde de la DGT incluye a los turismos de gasolina matriculados a partir de enero de 2006 y los diésel registrados desde septiembre de 2015. Aunque es cierto que disfrutan de acceso a muchas ZBE según la normativa vigente, dicha permisividad tiene fecha de caducidad. Solo es necesario observar la evolución de las restricciones para percatarse de ello.
Salvo excepciones, los vehículos sin etiqueta ya no pueden circular por grandes núcleos urbanos y aquellos que tienen etiqueta B se enfrentan a fuertes limitaciones de aparcamiento, así como a prohibiciones de acceso durante la activación de protocolos anticontaminación. Si consideramos este avance, el distintivo C es el siguiente eslabón en la cadena regulatoria. Por tanto, su compra en 2026 implica recibir un activo que irá perdiendo su derecho a la libre circulación por la mayoría de las ciudades de España y de la Unión Europea en los próximos años.
¿Cómo afectan los cambios normativos al valor de los coches con etiqueta C?
El valor residual es clave para la compra de un automóvil. Como el mercado anticipa los cambios normativos, ante la prohibición de vender coches nuevos con emisiones de CO2 a partir de 2035, la depreciación de los vehículos de combustión interna (ICE) se está acelerando. Por consiguiente, un coche con etiqueta C adquirido hoy será muy difícil de vender dentro de cinco o seis años, ya que los futuros compradores evitarán las inminentes restricciones urbanas.
Por el contrario, si ya eres propietario de un vehículo eléctrico (VE) o tienes pensado comprar uno, estás protegiendo tu inversión. Con herramientas de transparencia como el nuevo Pasaporte Digital de Baterías, junto a la utilidad de la etiqueta CERO, este mercado de ocasión está creciendo, lo que garantiza una retención de valor superior.
Costes operativos de un coche de combustión frente a uno eléctrico
El atractivo inicial de un precio ligeramente inferior en ciertos coches con etiqueta C desaparece si analizamos el Coste Total de Propiedad (CTO). La volatilidad y la carga impositiva de los combustibles fósiles convierten el uso diario de un ICE en un gasto continuo e impredecible.
La movilidad eléctrica, por su parte, ofrece una optimización económica de la inversión. El coste por kilómetro, sobre todo si se aprovechan tarifas competitivas como las de las estaciones de recarga de Eranovum, supone una fracción del precio de la gasolina. Además, la normativa europea AFIR y la tecnología Plug & Charge están estandarizando la recarga pública en viajes largos. Si a esto le añadimos un menor gasto en mantenimiento, el VE se amortiza rápidamente y proporciona un ahorro mensual tangible al propietario.
Acceso a la libre circulación gracias a la etiqueta CERO
Un motivo de peso para apostar por la movilidad eléctrica es la libertad de circulación, un aspecto que la etiqueta C no puede garantizar. Los conductores de VE no necesitan preocuparse por las actualizaciones de la normativa, ya que tienen acceso a cualquier ciudad sin importar los niveles de contaminación, lo que ofrece una tranquilidad incomparable.
Asimismo, el sistema recompensa a quienes eligen la sostenibilidad: mientras que los usuarios de ICE con etiqueta verde pagan tarifas elevadas por aparcar, los de VE disfrutan de estacionamiento gratuito o bonificado en las zonas SER, así como de acceso a carriles de alta ocupación y exenciones en el impuesto de circulación municipal.
Descubre la movilidad sostenible y aprovecha todos sus beneficios
En conclusión, comprar un coche con etiqueta C en 2026 es asumir un riesgo a corto plazo al adquirir una tecnología que se está viendo cada vez más relegada en el entorno urbano. Para quienes ya han dado el salto al VE, el panorama actual confirma que es la decisión acertada. Y para aquellas personas que dudan, la madurez de la tecnología, la ampliación de la autonomía de los vehículos y la preparación de la infraestructura pueden ser tres razones para escoger la movilidad eléctrica.
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